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Destino

Guillermina Consuelo Sansaricq González

Nacimos del mismo vientre, el mismo día. Éramos casi iguales. Juntas crecimos y caminamos por la vida en las buenas y las malas.

Sobre nosotras recaía todo el peso.

El destino nos hizo vivir golpes muy duros. Separarnos fue el más grande.

Aquel día vinieron temprano y nos trasladaron hasta un salón. Del recinto emanaba un fuerte olor a éter. Se veía el ir y venir de hombres y mujeres con manos enguantadas nasobuco y ropaje verde.

Las luces, desde su posición, parecían escapadas de un plenilunio.

Todos se concentraron a nuestro alrededor. A ella la examinaron, yo como testigo obligado, no tuve otra opción que presenciar los desagradables pormenores.

El jefe del equipo ordenó comenzar. La durmieron.

Con herramientas similares a las utilizadas en una carpintería realizaron su trabajo. Del sueño no regresó.

Temblando, sin poderlo evitar, vi cómo se la llevaron.

Nuestra dueña está inquieta. Sentada en la silla de ruedas se lleva las manos hacia el lugar donde debía estar mi compañera. Mueve la cabeza en señal de desconcierto. Entonces me acaricia, comprendo cuanto la extraña.

¡Que dolor!, como nos abandonó después de tantos años juntas.

 


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