Ir al contenido principal

Entradas

FRAGMENTO DE LA NOVELA PATA SECA DISPONIBLE EN LULU Anastasia miró a Roque de arriba abajo y no lo midió: lo leyó. Le vio el tamaño, sí, pero le vio también el temblor. Le vio el fuego y le vio el espanto. Y dijo, como si hablara de una deuda: “Has venido tarde.” Guilherme apretó los labios. “Quero que você arrume.” Y esa palabra —arrume— sonó como brutalidad envuelta en pañuelo fino. Anastasia sonrió apenas. No era sonrisa de obediencia; era sonrisa de quien sabe algo que el amo no sabe. Puso la mano en el pecho de Roque y Roque sintió, por primera vez desde que todo empezó, un toque que no lo pesaba; un toque que no preguntaba “cuánto rindes” sino “cuánto te duele”. “Não é o corpo”, dijo ella con voz de agua oscura. “É o espanto.” Y Roque tragó saliva, porque nadie le había hablado así. Nadie le había dicho que lo que lo estaba rompiendo no era falta de fuerza, sino exceso de miedo. Anastasia miró hacia el monte como quien escucha un mensaje en hojas, y habló bajo, para que el aire s...
Entradas recientes
  Pata Seca: la novela que me obligó a escuchar el silencio Hay libros que uno escribe. Y hay libros que, en algún momento, empiezan a escribir a quien los está escribiendo. Pata Seca pertenece a esa segunda categoría. Durante mucho tiempo pensé que estaba construyendo una novela sobre la esclavitud en el Brasil del siglo XIX. Había mapas sobre mi escritorio, documentos históricos, testimonios dispersos, estudios antropológicos, nombres indígenas, rutas de comercio, leyendas amazónicas y largas listas de vocablos africanos. Creía que todo consistía en investigar con rigor y convertir esa investigación en literatura. Me equivocaba. Poco a poco comprendí que el verdadero tema de la novela nunca fue la esclavitud. La esclavitud es apenas el escenario donde ocurre algo mucho más profundo: la lucha desesperada de un ser humano por no dejar de ser quien es cuando todo conspira para arrancarle su nombre. Porque eso hace el poder cuando desea perpetuarse. No se conforma con dominar un...
  Hay fotografías que muestran un libro. Y hay fotografías que cuentan una vida. Esta no es la imagen de un escritor sosteniendo el ejemplar que acaba de publicar. Esa escena se repite todos los días en las redes sociales. Aparece un libro, una sonrisa, algunos aplausos y el tiempo sigue su marcha. Pero esta fotografía pertenece a otra categoría. Rubén Reyes Ramírez no puede verla. Los problemas visuales que hoy limitan su mundo le impiden contemplar la cubierta donde descansa el título de su poemario. No puede recorrer con los ojos el diseño, ni detenerse en los colores, ni abrir el volumen para leer uno de sus poemas. Lo que sí puede hacer es sostenerlo entre las manos. Percibir el peso exacto de tantos años de trabajo. Reconocer el olor del papel recién impreso. Pasar lentamente los dedos sobre la portada e imaginar que, en algún lugar de esas páginas, continúan viviendo los versos que escribió utilizando el sistema Braille y otros métodos que hicieron posible vencer las limitac...
  Los ojos de la verdad sobre las ruinas de Paraguay A propósito de la novela Paraguay, de David Martínez Balsa No sé por qué se me hace necesario hablar de esta novela mientras escucho *The Eyes of Truth*, de Enigma. No lo sé, aunque lo sospecho. Quizás hay libros que no deben leerse en silencio. Libros que exigen una música grave detrás de las palabras, una respiración antigua, una letanía capaz de levantar el polvo de los caminos y hacer que los muertos se incorporen, no para espantarnos, sino para mirarnos. Para sostenernos la mirada. Para preguntarnos qué hemos hecho con su memoria. La música avanza y parece provenir de un templo sin paredes. Hay voces que llegan desde un sitio remoto, como si atravesaran los siglos; tambores de una marcha que no sabemos si conduce hacia una batalla, una ceremonia o un sacrificio. Y entonces pienso en Paraguay, la novela de David Martínez Balsa. Pienso en sus mujeres, en sus niños, en sus soldados heridos, en sus ancianos armados con lo poco q...
  El silencio de los culpables : la literatura como tribunal de la conciencia El silencio de los culpables llega a la mesa del lector como quien entra en una sala donde alguien ha sido llamado a declarar, pero no se sabe todavía quién es el acusado, quién el testigo, quién el juez, quién la víctima, quién el culpable. El silencio de los culpables , de Anisley Miraz Lladosa, pertenece a esa estirpe de libros incómodos y necesarios: libros que no piden permiso para entrar en las zonas más oscuras de la conciencia, libros que no decoran la herida, sino que la abren con una serenidad casi quirúrgica. Esta nueva edición revisada de El silencio de los culpables tiene, además, para Editorial Primigenios, un valor íntimo, casi fundacional. Fue uno de los primeros libros de cuentos que publicamos en 2020, cuando la editorial apenas comenzaba a levantar su catálogo, cuando todavía estábamos construyendo una casa para voces que venían de muchos sitios, pero sobre todo de esa región profunda...
  Un método, un camino: cuando la enseñanza del ballet también se vuelve legado Hay libros que no nacen solamente para ser leídos. Nacen para ser consultados, subrayados, llevados al aula, abiertos sobre una mesa de trabajo, compartidos entre maestros, discutidos con respeto y usados como brújula por quienes entienden que enseñar no es repetir una fórmula, sino acompañar a otros en su propio descubrimiento. Un método, un camino , de Beatriz Abreu León, pertenece a esa clase de libros necesarios. No estamos únicamente ante una publicación sobre ballet. Estamos ante una propuesta metodológica pensada para academias, nacida desde la experiencia de la Escuela Cubana de Ballet, desde una tradición que ha dado al mundo bailarines, maestros, rigor técnico, sensibilidad artística y una manera muy particular de entender el cuerpo como instrumento de belleza, disciplina y verdad. La edición y publicación de este importante libro corresponde a Pablo Socorro y a Editorial Lunetra. Mi colaborac...
  Donde madura el limonero: una novela bajo la sombra luminosa de Cuba Hay libros que nacen de una herida, pero no se quedan en la herida. La atraviesan. La miran. La convierten en memoria, en relato, en una forma de resistencia contra el olvido. Hay libros que parecen escritos desde el borde de una casa perdida, desde el patio donde todavía madura un fruto, desde una conversación que el tiempo no consiguió borrar del todo. Donde madura el limonero , de Manuel Vázquez Portal, pertenece a esa estirpe de libros donde la literatura no se conforma con contar una historia: también rescata un mundo. El título ya contiene una promesa. Un limonero no madura en cualquier parte. Necesita tierra, luz, paciencia, una raíz que insista. Y quizás por eso esta novela parece colocarnos frente a una imagen sencilla, casi doméstica, pero cargada de resonancias: allí donde madura el limonero también madura la memoria; allí donde la fruta recibe el sol también algo del pasado vuelve a respirar; allí do...