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  El silencio de los culpables : la literatura como tribunal de la conciencia El silencio de los culpables llega a la mesa del lector como quien entra en una sala donde alguien ha sido llamado a declarar, pero no se sabe todavía quién es el acusado, quién el testigo, quién el juez, quién la víctima, quién el culpable. El silencio de los culpables , de Anisley Miraz Lladosa, pertenece a esa estirpe de libros incómodos y necesarios: libros que no piden permiso para entrar en las zonas más oscuras de la conciencia, libros que no decoran la herida, sino que la abren con una serenidad casi quirúrgica. Esta nueva edición revisada de El silencio de los culpables tiene, además, para Editorial Primigenios, un valor íntimo, casi fundacional. Fue uno de los primeros libros de cuentos que publicamos en 2020, cuando la editorial apenas comenzaba a levantar su catálogo, cuando todavía estábamos construyendo una casa para voces que venían de muchos sitios, pero sobre todo de esa región profunda...
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  Un método, un camino: cuando la enseñanza del ballet también se vuelve legado Hay libros que no nacen solamente para ser leídos. Nacen para ser consultados, subrayados, llevados al aula, abiertos sobre una mesa de trabajo, compartidos entre maestros, discutidos con respeto y usados como brújula por quienes entienden que enseñar no es repetir una fórmula, sino acompañar a otros en su propio descubrimiento. Un método, un camino , de Beatriz Abreu León, pertenece a esa clase de libros necesarios. No estamos únicamente ante una publicación sobre ballet. Estamos ante una propuesta metodológica pensada para academias, nacida desde la experiencia de la Escuela Cubana de Ballet, desde una tradición que ha dado al mundo bailarines, maestros, rigor técnico, sensibilidad artística y una manera muy particular de entender el cuerpo como instrumento de belleza, disciplina y verdad. La edición y publicación de este importante libro corresponde a Pablo Socorro y a Editorial Lunetra. Mi colaborac...
  Donde madura el limonero: una novela bajo la sombra luminosa de Cuba Hay libros que nacen de una herida, pero no se quedan en la herida. La atraviesan. La miran. La convierten en memoria, en relato, en una forma de resistencia contra el olvido. Hay libros que parecen escritos desde el borde de una casa perdida, desde el patio donde todavía madura un fruto, desde una conversación que el tiempo no consiguió borrar del todo. Donde madura el limonero , de Manuel Vázquez Portal, pertenece a esa estirpe de libros donde la literatura no se conforma con contar una historia: también rescata un mundo. El título ya contiene una promesa. Un limonero no madura en cualquier parte. Necesita tierra, luz, paciencia, una raíz que insista. Y quizás por eso esta novela parece colocarnos frente a una imagen sencilla, casi doméstica, pero cargada de resonancias: allí donde madura el limonero también madura la memoria; allí donde la fruta recibe el sol también algo del pasado vuelve a respirar; allí do...
  El niño que lanzó un avión de papel hacia el alma Hay libros que no llegan caminando. Llegan volando. A veces entran por una ventana abierta, sin pedir permiso, como si trajeran en las alas el polvo de una infancia que creíamos guardada demasiado lejos. Llegan en forma de avión de papel, de burbuja, de luna llena, de gato que mira hacia el cielo, de almohada donde todavía caben las estrellas. Llegan así, con apariencia de juego, pero basta leer unas pocas páginas para entender que el juego, cuando es verdadero, también puede ser una manera profunda de tocar la vida. Metamorfosis de un avión de papel , de Erasmo de los Ángeles Rondón Soto, pertenece a esa clase de libros que parecen escritos desde una habitación iluminada por la imaginación. Una habitación donde los objetos no obedecen del todo las leyes del mundo adulto. Allí un avión de papel puede escaparse por la ventana y convertirse en hipocampo, submarino, barco, farola o gaviota. Allí las horas pasan volando de verdad. All...
  El amor todo lo puede , de Marié Rojas Tamayo: una lámpara encendida en el territorio de la infancia Hay libros que parecen escritos para recordarnos algo que la vida adulta, con sus urgencias y cansancios, intenta quitarnos de las manos: la capacidad de asombro. No se trata únicamente de mirar el mundo como lo mira un niño, sino de comprender que en esa mirada primera, limpia, todavía no domesticada por la costumbre, existe una forma profunda de sabiduría. La infancia no es solo una edad. Es también una manera de acercarse a las cosas, de preguntar, de cuidar, de creer que una estrella puede caerse del cielo, que un juguete abandonado tiene memoria, que un príncipe puede extraviarse en el tiempo o que un papalote, al escapar de las manos de un niño, no se pierde del todo, sino que comienza otra aventura. Con esa materia luminosa está hecho El amor todo lo puede. Cuentos para niños de cero a cien , de Marié Rojas Tamayo , un libro que llega al catálogo de Editorial Primigenios co...
  La guerra no termina cuando callan los fusiles   Mata es una novela de guerra, pero no responde al modelo de la novela bélica que suele levantar banderas, ordenar héroes y repartir certezas. Raúl Aguiar entra en otro territorio: el de un muchacho cubano lanzado a Angola, lejos de su ciudad, de sus amigos, de sus amores y de la vida que imaginaba para sí mismo. Orlando, el Poeta, no llega a la guerra con una vocación militar ni con la fe de quien ha aceptado una misión histórica. Llega con el miedo de quien sabe que puede morir. Lleva consigo recuerdos, canciones, deseos, discusiones de juventud, una mujer llamada Betty, amigos de La Habana y la conciencia fragmentada de alguien que intenta entender qué hace, de pronto, en medio de un país desconocido, con un fusil entre las manos y la muerte respirándole cerca. Raúl Aguiar no escribe desde la distancia de los partes oficiales. Su novela no necesita discursos para revelar el horror. Le basta con el cuerpo de un joven...
  Peláez no busca héroes, busca personas   A veces la buena literatura no se escribe desde una torre, sino desde la acera, cuando el autor se detiene a escuchar una discusión doméstica, el cansancio de un hombre que regresa del trabajo, la ansiedad de quien espera una llamada, el orgullo que se disfraza de dignidad o la pequeña crueldad que cabe en una frase. *Gentes* pertenece a esa estirpe. Roberto Peláez Romero conoce la materia de la que están hechos los días: conversaciones interrumpidas, ilusiones que se tambalean, secretos que asoman detrás de una puerta, derrotas mínimas y victorias que nadie celebra. Su larga experiencia periodística le ha dado el ojo atento para descubrir, en medio de la multitud, aquello que casi siempre pasa inadvertido: la grieta, el gesto, la sombra que se mueve detrás de la apariencia. Estos cuentos transitan entre Cuba y Las Vegas, entre la memoria de una isla y la intemperie de otra ciudad. Pero su verdadero territorio no es geográfico...