Ir al contenido principal

Entradas

  La guerra civil cubana y los libros que no supieron contarla La literatura sobre la guerra civil cubana es una pura mierda. Lo digo así, sin buscar una frase más elegante para comenzar, porque llevo muchos años pensándolo. Y también porque no llegué a esa conclusión leyendo dos libros desde lejos. Durante una parte importante de mi vida trabajé en el Museo Nacional de la Lucha contra Bandidos , en Trinidad, una institución cuyo propio nombre contenía ya una interpretación de la historia. “Bandidos” fue la palabra que Fidel Castro y el discurso revolucionario utilizaron para clasificar a los hombres que, después de 1959, tomaron las armas contra el joven gobierno. La palabra resolvía el problema antes incluso de comenzar a contarlo: si eran bandidos, entonces no podían ser adversarios políticos, campesinos descontentos, antiguos revolucionarios, hombres que habían combatido a Batista y terminaron enfrentados a sus antiguos compañeros, anticomunistas convencidos, agentes vincul...
Entradas recientes
  Cuba entre la crisis y los libros: ¿qué puede hacer la literatura? He estado mirando en las redes sociales algunas imágenes de la más reciente Feria del Libro en Cuba. A primera vista parece una feria más modesta que aquellas grandes concentraciones que muchos recordamos, pero también organizada, concurrida y, sobre todo, todavía capaz de reunir alrededor de los libros a escritores, lectores, editores y funcionarios culturales. Las fotografías tienen algo que me obliga a detenerme, porque detrás de esa normalidad aparente existe un país atravesado por una crisis enorme: apagones, escasez, deterioro de los servicios, salarios que apenas alcanzan, incertidumbre cotidiana y una emigración que ha ido vaciando familias, barrios y generaciones enteras. Y entonces surge una pregunta que no es nueva, pero que en momentos como este adquiere otro peso: ¿qué puede hacer la literatura cuando casi todo lo demás parece estar en crisis? Puede parecer una pregunta improcedente cuando las pre...
  Los puentes «Una multitud fluía sobre el puente de Londres, tantos; nunca pensé que la muerte hubiera deshecho a tantos.» —T. S. Eliot, La tierra baldía No hay ningún puente entre Cuba y los lugares adonde han ido a parar muchos de los que aparecen en este libro. No hay ningún puente. Solo caminos en el aire y en el agua. Algunos murieron mucho antes de que esos caminos en el aire se convirtieran casi en una razón de existencia para tantos escritores cubanos. Otros se fueron después. A distintas ciudades, a distintos países. Otros permanecieron en Cuba. Y así, aquel grupo que alguna vez pudo reunirse dentro de las páginas de un pequeño libro publicado en La Habana terminó dispersándose, como se dispersan casi todas las cosas cuando intervienen el tiempo, la muerte y la historia. Yo era muy joven cuando conocí a Víctor Fowler. Hablamos de poesía, de libros. Ya no puedo precisar si fue en la Biblioteca Nacional o en una de aquellas calles de Trinidad, adonde Víctor llegó, nos miró ...
  Álex Padrón:  la poesía como equilibrio del karma Álex debe haber llegado a Editorial Primigenios en los primeros tiempos. Lo que no consigo recordar con exactitud es si fue antes o después de mi viaje a La Habana para presentar la antología La Habana convida, en la que participaron numerosos poetas cubanos. He vuelto a mirar las fotografías de aquel día. Busqué entre los rostros su melena, sus espejuelos, esos ojos suyos que irradiaban una confianza extraña, una mezcla de intensidad y sosiego. No aparece. De modo que Álex debió de arribar a Primigenios algunos meses después, como llegan a veces los escritores a una editorial: primero mediante un mensaje, después con un manuscrito y, finalmente, ocupando un sitio que uno termina creyendo que siempre estuvo reservado para ellos. Nos comunicamos mucho por correo electrónico y por mensajería. Hablábamos de libros, de poemas, de correcciones, de cubiertas y de los inevitables contratiempos que acompañan cualquier aventura ...
  Los lugares que ya no existen   José Luis Riverón Rodríguez ha tenido que emigrar a Campo Belo, Brasil. Lo imagino allá, en una casa que todavía no termina de reconocerlo, rodeado por objetos que no saben nada de su vida anterior, mientras la humedad tropical se demora en las paredes y el cuerpo comienza a pasarle la cuenta de tantos caminos recorridos. Hace algún tiempo le compartí el archivo de Vanos lugares. Ahora vuelve a él desde esa lejanía. Lo abre en la computadora, avanza por algunos poemas y, según me cuenta, se engurruña como un viejito por los dolores de la artritis. La imagen me conmueve y también me lastima. Se engurruña, dice. Pero yo sé que no es solamente la artritis. Hay libros que también doblan los huesos. Hay palabras que se acomodan en las articulaciones y comienzan a doler desde dentro, como si hubieran permanecido muchos años esperando el instante preciso para recordarnos que el cuerpo también tiene memoria. Una memoria distinta a la de la inteligenci...