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  El erotismo en Pata Seca : cuando el cuerpo deja de ser una propiedad Hay lectores que, al conocer el punto de partida de Pata Seca , imaginan que encontrarán una novela erótica. Después de todo, la historia se inspira en la leyenda de un esclavo brasileño al que sus dueños obligaron a engendrar centenares de hijos para aumentar el número de esclavos de la hacienda. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario. Uno de los mayores desafíos que encontré al escribir esta novela fue comprender que el erotismo desaparece cuando desaparece la libertad. No existe erotismo donde el cuerpo deja de pertenecerse. En la hacienda, Roque José Florêncio no conoce el deseo. Conoce la obediencia. No descubre el amor. Descubre la utilización. Su cuerpo no es un espacio de encuentro con otro ser humano, sino una herramienta más del ingenio, igual que un machete, un molino o una carreta. Por eso existe el cuarto sin nombre. Porque incluso el lenguaje se avergüenza de aquello que sucede allí....
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  ¿Quién fue Pata Seca? Hay personajes que uno inventa. Y hay personajes que encuentran al escritor. Durante varios meses estuve inmerso en la escritura de La noche del flamboyán . Como suele ocurrirme cuando escribo una novela, terminé leyendo mucho más de lo que necesitaba. Buscaba un hilo. Mi propio hilo de Ariadna en aquel laberinto donde intentaba enlazar las páginas perdidas del diario de campaña de José Martí con la historia de Carlos Camilo. Leía sobre Cuba, sobre América Latina, sobre guerras, memorias y olvidos. Y entonces apareció él. No lo estaba buscando. Ni siquiera sabía que existía. Era apenas una referencia perdida entre documentos, leyendas y relatos sobre la esclavitud en Brasil. Un nombre extraño. Casi imposible de olvidar. Pata Seca. La historia decía que había existido un esclavo gigantesco, un hombre de fuerza extraordinaria, obligado por sus dueños a engendrar más de doscientos hijos para aumentar el patrimonio de la hacienda. No encontré una biogra...
  Cuando un cubano terminó escribiendo una novela sobre la esclavitud en Brasil Hay libros que nacen de una historia. Otros nacen de una pregunta. Pata Seca pertenece a la segunda categoría. Durante mucho tiempo me pregunté cómo logra sobrevivir un ser humano cuando le arrebatan casi todo: el nombre, la familia, la lengua, la libertad y hasta el derecho sobre su propio cuerpo. No me interesaba únicamente la historia de la esclavitud. Me interesaba algo más difícil de responder: ¿en qué lugar se esconde la dignidad cuando todo parece perdido? Esa pregunta me llevó a Brasil. No porque Brasil sea un país ajeno a nosotros, los cubanos. Al contrario. Nuestras historias se parecen más de lo que imaginamos. Compartimos el azúcar, el mar, la herencia africana, las cicatrices de la esclavitud y una parte importante de nuestra identidad. Sin embargo, Brasil vivió ese drama con una dimensión extraordinaria. Fue el último país de América en abolir oficialmente la esclavitud, en mayo de 1...
  Esto viene pronto, para ser presentado en Pinar! Resignado como las piedras nace de una alianza que no pide permiso: Editorial Primigenios, Zona Franca y Circuito Cerrado —tres fogones encendidos en Pinar del Río— se juntan para que la poesía vuelva a decir lo que otros prefieren callar. No somos institución: somos oficio y terquedad, una red de manos que corrige, maqueta, imprime y lanza la voz de Juan Cabanas al viento real de la isla y a su diáspora. Este libro es la prueba de que, cuando los proyectos independientes se abrazan, el papel deja de ser papel y se convierte en acto civil. En estas páginas, Cabanas trabaja con materiales pobres y sagrados: piedra, costura, baño, sombra de framboyán, vaca, casa que cruje, una niña que salva al padre con sus manos pequeñas. No hay lujo ni artificio; hay precisión emocional, hay una Cuba que se nos cae y, sin embargo, respira. La lengua es clara como agua de pozo y, a la vez, cargada de silencios que no piden metáforas para doler. El ...
  Acaba de llegar a nuestras manos, en su edición más reciente —revisada, reencontrada, reiluminada— La última adivinanza del mundo, de Froilán Escobar. Este libro no fue escrito para evocar el pasado, sino para habitarlo, palmo a palmo, fibra a fibra. No es solo una novela: es un acto de transmutación, un conjuro narrativo donde se entretejen el mito, la sangre, la infancia y el duelo, con una delicadeza que duele. ¿Puede una adivinanza contener la historia de un país? ¿Puede la voz de una niña salvar del olvido a un combatiente caído en la manigua? ¿Puede la muerte ser desbordada por la poesía? Froilán, como un chamán con sus propios hilos, nos dice que sí. En este acto de reedición, no solo hemos restaurado su aliento original: hemos añadido ilustraciones creadas con inteligencia artificial, pero no como simple ornamento, sino como pequeñas piezas de orfebrería digital, con estilo, con maestría, con esa reverencia que merece la palabra escrita. Que nadie tema: estas imágenes no ...
Les dejo "El milagro de los muflones" en las manos. Léanla, discútanla, compártanla, pélenla vivo si quieren, pero no la ignoren. Los verdaderos milagros de la literatura no son los que nos salvan del horror, sino los que nos obligan a mirarlo sin pestañear. Y este libro, se los aseguro, no baja la mirada. La imagen de cubierta de El milagro de los muflones nació de la inteligencia artificial, sí, pero el incendio que la sostiene viene de mucho antes. Viene de un cuadro ruso sobre Stalin que vi cuando estudiaba allá, hace un cojón de años, en otra vida y en otro invierno. En ese cuadro, el dictador empujaba con su mano izquierda a una marea de soldados hacia el frente, mientras sostenía su pipa con la derecha. Un detalle se me clavó para siempre: de la otra mano caía un fósforo gigantesco, encendido, sobre cientos de soldados diminutos, condenados de antemano a arder. Ese fósforo sigue cayendo en mi memoria. A veces pienso que uno de esos soldaditos quemados bajo la llama se ...
  Entre muros, peceras y otros desarraigos Además de muchos libros de autores latinoamericanos —que para mí son como una coral inmensa de acentos, dolores y luminarias—, viajan conmigo unos pocos volúmenes que llevan mi nombre en la portada. No los llevo como trofeos, ni como excusas de editor-autor; los llevo como quien carga una caja de restos: pedazos de país, de familia, de memoria, de rabia y de ternura. Entre esos libros, Vanos lugares es quizá el más cercano a la zona donde realmente me duele la vida. Este no es un poemario escrito desde la comodidad de una metáfora bonita. Nació en el filo de varias fronteras: la geográfica, la política, la del lenguaje, la del cuerpo que envejece mirando a la madre y sabiendo, con brutal claridad, que “en unas semanas / no más de diez años / mi madre morirá”. Quien abra estas páginas debe saber que entra a un territorio minado: la nostalgia aquí no es decorado, es un campo de batalla después de la batalla. Hay un verso que inaugura el libr...