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Ilustración: Mario García Portela Del libro Todos vivimos en Oz , Editorial Primigenios. La casa feliz   “And honoured among foxes and pheasants by the gay house, under the new made clouds and happy as the heart was long, in the sun born over and over, I ran my heedless ways” Fern Hill Dylan Thomas     Cuando leímos en Internet que estaban intentando repoblar un pequeño pueblo del interior, y para lograrlo entregaban las granjas abandonadas con lo que tuvieran adentro, no lo pensamos dos veces. Además, estaban las letras rojas aclarando: «Oferta limitada a las primeras 10 familias». Llenamos la aplicación, rezando para quedar entre esos primeros; cumplíamos el requisito esencial: familia numerosa, miembros de ambos sexos en edad laboral, compromiso de permanecer un mínimo de cinco años en la comunidad… Llegado el día, un autobús pasó a recogernos. Habíamos liquidado todo en una venta de garaje; marchamos apenas con nuestras ropas, teléfonos móviles,...
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  La cortina de sábana Liyanet Caraballo Ulloa Del libro inédito Testigos Mi mujer dice que la cortina está rota. Que el agujero crece cada noche. Que un día va a desaparecer y entonces no va a haber nada entre nosotros. Yo solo veo una sábana vieja colgando de un alambre. Ella ve el fin. Detrás, mi mujer y mis dos hijos. Adelante, yo. Los que dormían en el colchón grande y el que dormía en el catre, al otro lado. La puerta de madera contrachapada, con un hueco en la parte baja. La ventana sin marco, solo un hueco en la pared. El piso de tierra apisonada. La cortina era lo único que nos separaba. Y ni siquiera eso funcionaba. Eran las siete de la mañana. El sol ya quemaba. Yo llevaba una hora bebiendo. Mi mujer se levantó del colchón y caminó hasta la cortina. —Los niños van a la escuela —dijo. —¿Y qué? —Y tú vas a la calle. A buscar trabajo. —No hay. —Sí hay. En la obra, en el mercado, donde sea. —No hay. —Tú no sabes. —Sí sé. Sé que te sientas aquí todos los días con esa botell...
  Rafa Fragmento de la novela Mariquita Ernesto González Rafa, el mayor de nosotros tres, con qué entusiasmo te fuiste a estudiar física nuclear en la Universidad Lomonosov de Moscú, vas a ser el pionero de esa especialidad en Cuba y América Latina, vas a ser un gran investigador, vas a escribir un libro sobre la energética nuclear cubana, distinta a cualquier energética del mundo, y vas a crear un átomo latinoamericano, distinto a cualquier átomo del universo. Rafa, has sido seleccionado entre los mejores expedientes de bachillerato del país, das un paso trascendental que te conducirá a ser un honorable ciudadano y un gran científico servidor de tu patria. Te embarcas para Europa, atraviesas el estrecho de Gibraltar y las arenas de España, y las costas de Marruecos y Argelia; y vas a enamorarte de los delfines que te han ido acompañando en la travesía a ambos costados del barco; y te cuidas de los maricones tapados; y conoces a Luis (¡un mulato que estaba!) y a Caridad, quienes a...
  ¿Por qué la Perestroika no llegó a Cuba para cambiar las fichas del dominó?   Hay preguntas que llegan tarde porque durante muchos años uno creyó conocer las respuestas. Esta es una de ellas. ¿Por qué la Perestroika no llegó a Cuba para cambiar las fichas del dominó? No digo que no llegara. Llegó. Llegó como palabra, como rumor, como noticia, como promesa ajena. Recuerdo perfectamente aquella palabra rusa dando vueltas por todas partes, extraña al principio, casi impronunciable, hasta que terminó formando parte de nuestras conversaciones. Perestroika. Y detrás otra todavía más peligrosa: Glasnost. Reestructuración. Transparencia. Palabras. Las palabras siempre llegan primero. Desde Moscú comenzaron a llegar noticias que pocos años antes habrían parecido imposibles. Los soviéticos discutían públicamente sus errores. Revisaban su historia. Hablaban de Stalin de otra manera. Cuestionaban determinados mecanismos económicos. Sus periódicos empezaban a decir cosas que nosotr...
  La guerra civil cubana y los libros que no supieron contarla La literatura sobre la guerra civil cubana es una pura mierda. Lo digo así, sin buscar una frase más elegante para comenzar, porque llevo muchos años pensándolo. Y también porque no llegué a esa conclusión leyendo dos libros desde lejos. Durante una parte importante de mi vida trabajé en el Museo Nacional de la Lucha contra Bandidos , en Trinidad, una institución cuyo propio nombre contenía ya una interpretación de la historia. “Bandidos” fue la palabra que Fidel Castro y el discurso revolucionario utilizaron para clasificar a los hombres que, después de 1959, tomaron las armas contra el joven gobierno. La palabra resolvía el problema antes incluso de comenzar a contarlo: si eran bandidos, entonces no podían ser adversarios políticos, campesinos descontentos, antiguos revolucionarios, hombres que habían combatido a Batista y terminaron enfrentados a sus antiguos compañeros, anticomunistas convencidos, agentes vincul...