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  Pogo Jonathán Montelongo Plasencia (J.W. Riter) Timothy miraba una y otra vez las vendas blancas que le cubrían las manos, su padre, el señor McCoy había pedido al doctor que usara las rosadas, pero por suerte se habían agotado. “Quizás si te hubiesen vestido las manos como a Barbie todos se burlarían de ti como mereces” repetía su viejo y es que Timothy y el resto de la pandilla habían encendido dos juegos de pirotecnia en Nochevieja. Casi dos docenas de petardos, tracas y cohetes que prendieron en las ruinas del parque salieron volando y se colaron en el hogar de ancianos que estaba al otro lado de la cerca incendiando par de cortinas e induciendo un caos cuando sus residentes y el personal de servicio terminaban el conteo regresivo de medianoche. Solo Timothy había sufrido quemaduras con los explosivos, pero eso no era nada malo comparado con el castigo de pasar el resto de las vacaciones de invierno encerrado. Nada de salidas con los chicos, no visitaría la feria y por s...
  Pesadilla Eliany Martínez Portales Era un 11 de marzo cualquiera, los rayos del sol penetraban intensamente por mi ventana, incluso se sentían el canto de las aves, los niños jugaban felizmente en la calle y las personas más presumidas salieron a realizar sus ejercicios matutinos. Nadie se imaginaba que ese sería el último día de su vida y que por la noche algo misterioso e inexplicable iba a suceder, de pronto se sintió un profundo silencio todo se volvió oscuro y lluvioso y yo me encontraba tirada en un rincón de mi oscura casa .Me levanto torpemente y salgo en busca de mi familia y amigos ,pero todo fue en vano las calles estaban desiertas ,durante varios minutos lloré desconsoladamente con miedo de que algo malo me pudiera pasar hasta que siento unas voces tras de mí. —¿Eres una sobreviviente? —me pregunta un chico calmadamente —¿Qué? —pregunto en un susurro. —Creo que tenemos que llevarla con nosotros—comenta otro chico y luego mis ojos se cierran pausadamente. ...
  Padre e hijo Saúl Núñez Girón Nunca se lo dije. Durante todo el tiempo me comporté como un tipo posesivo y celoso. Cada vez que íbamos a salir a algún sitio, mediante insultos, le recriminaba la forma en la que se vestía. La llamaba zorra, busca vergas, puta, le hacía llorar. Entonces ella corría a la recamara, se tiraba boca abajo sobre la cama e intentaba ahogar sus sollozos apretando su rostro contra una almohada. No se daba cuenta, pero me partía el alma verla así, cada insulto que le profería se me clavaba en el corazón como una daga. El alma se me desgarraba, pero debía mantener mi papel. Tenía seguir siendo rudo; el hombre, tal como mi padre me había enseñado. Recuerdo perfectamente el día en el que mi madre lo abandonó, mejor dicho, nos abandonó, a mí y a él, a los dos. Yo estaba en segundo de secundaria y se fue mientras yo estaba en clase y mi padre en el trabajo. Mi madre agarró su ropa y el dinero que tenían ahorrado para ampliar la casa y se fue. No nos dejó ni...
  La tarde de los gatos Octavio Castillo Quesada   Vivían en un apartamento de los que tienen dos cuartos y una terraza improvisada, aún sin la licencia que debiera otorgar el centro de planificación física del territorio. Aunque con las comodidades básicas cubiertas, la verdad es que predominaban más los recuerdos que los lujos. A simple vista se trataba de una familia como cualquier otra de la capital cubana ; r utinas marcadas, jerarquías consistentes y vida social pobre. Rodrigo, padre de familia dedicado y a veces, muy exigente. Ana era su esposa y madre de dos hijos: Gonzalo, adolescente de unos diecisiete años y Lucía, una niña de siete años de edad, traviesa y cariñosa, la alegría de la casa. Rodrigo empleaba sus días trabajando como carpintero a unas cinco cuadras del edificio, en un local que había comprado el pasado año con los ahorros conseguidos en la venta de algunos de sus trabajos. Ana era ama de casa, ocupada siempre con los quehaceres del hogar, co...
  Papá del otro lado del teléfono Agustín Ramón Serrano Santiesteban   Ah, papá, qué bueno que hablamos, anoche   tuve un sueño maravilloso… no, todo está bien, déjame contarte, anoche soñé con mariposas de papel que volaban, sí, eran como mil mariposas de papel de distintos colores… sí papá, claro que era un sueño, no, no… además… papá no me interrumpas, las mariposas entraron por mi ventana… no, yo dejo la ventana cerrada todas las noches pues se cuela el frío y puede hacerme daño… sí,   ellas entraron y la ventana estaba cerrada… no importa, qué tiene que ver la ventana cerrada, las mariposas entraron y ya, ellas saben entrar por las ventanas cerradas y nosotros no, además de hermosas son inteligentes… ah papá, los adultos nunca entienden nada, olvida la ventana, creo que mejor te hubiera dejado un mensaje, pero tenía miedo que no lo recibieras o se borrara, a esa hora no había nadie despierto en mi sueño, las mariposas entraron hicieron tres círculos sobre ...
  El último emisario Delsa L ó pez Lorenzo   Jamás he abandonado la casa de mis padres. No entiendo por qué han venido tantos emisarios a desalojarme. Los muy necios alegan: —Este lugar ya no te pertenece. Márchate. No debes continuar insistiendo ¿O acaso no crees lo que te decimos?   ¿No sientes que ya has perdido demasiado tiempo? Lo que quieres no está aquí. ¿Por qué tanto apego a este lugar? Al quedarme solo trato de comprender sus razones sin que logre encontrarle explicación. Lo único que tengo bien claro es mi obsesión por estar dentro de estas cuatro paredes y bien sabe Dios que es tan solo por su valor sentimental. Vago noche y día. Vuelvo a la época en que papá y mamá me abrazaban. Me traslado al tiempo donde todos juntos éramos una familia feliz. Los extraño tanto que me consuela oler sus ropas, ver sus fotografías, incluso tocar los mismos objetos que ellos tocaron cuando su presencia me llenaba de regocijo. La casa, abandonada apenas se mantiene...
  La pulga viajera Dunia Machado Santos   Una pulga viajera decide salir de viaje. Prepara su equipaje y a la puerta se asoma. En eso venía un perro enorme y bien peludo. Al verlo piensa: — Ahí viene el colectivo y de una vez salta. Así viaja en la oreja del perro lanudo, la pulga viajera, quién sabe hasta dónde llega. Un día, al ver   el perro tan cansado. Se baja y le pregunta: —Amigo. ¿Llevamos tanto tiempo viajando, que no sé por dónde vamos? El perro al oír aquellas palabras se percata de lo que sucede. Se sonríe y le responde: —Amiga. ¿Cuál es el lugar que siempre has soñado visitar? —Italia -le dice la pulga muy contenta. —Pues estamos en esa hermosa ciudad -le responde el lanudo. La pulga, se baja de una bolichada.   Sale caminando muy contenta porque va a conocer lo que siempre ha soñado. El perro muy orgulloso de la acción que acaba de realizar, se ríe y se vuelve acostar en el mismo lugar de donde nunca ha salido.