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El amor todo lo puede, de Marié Rojas Tamayo: una lámpara encendida en el territorio de la infancia

Hay libros que parecen escritos para recordarnos algo que la vida adulta, con sus urgencias y cansancios, intenta quitarnos de las manos: la capacidad de asombro.

No se trata únicamente de mirar el mundo como lo mira un niño, sino de comprender que en esa mirada primera, limpia, todavía no domesticada por la costumbre, existe una forma profunda de sabiduría. La infancia no es solo una edad. Es también una manera de acercarse a las cosas, de preguntar, de cuidar, de creer que una estrella puede caerse del cielo, que un juguete abandonado tiene memoria, que un príncipe puede extraviarse en el tiempo o que un papalote, al escapar de las manos de un niño, no se pierde del todo, sino que comienza otra aventura.

Con esa materia luminosa está hecho El amor todo lo puede. Cuentos para niños de cero a cien, de Marié Rojas Tamayo, un libro que llega al catálogo de Editorial Primigenios como una celebración de la ternura, la imaginación y la belleza sencilla de las historias bien contadas.

Desde el título, el libro declara una certeza que no pertenece solamente al mundo infantil. El amor todo lo puede no porque sea una frase bonita, ni porque funcione como consuelo fácil frente a las dificultades, sino porque en estos cuentos el amor aparece como una fuerza activa. Una fuerza que acompaña, que salva, que escucha, que devuelve dignidad a lo pequeño, a lo extraño, a lo que parecía olvidado o perdido.

En estas páginas hay una estrella caída que necesita regresar a su cielo; un elefante de tela azul con ojos rojos que anhela ser querido; un príncipe fuera de su tiempo que debe aprender a vivir en un mundo que no comprende; criaturas fantásticas, animales, juguetes con memoria, niños capaces de mirar más allá de lo evidente. Cada cuento abre una puerta distinta, pero todos conducen hacia una misma región: esa zona secreta donde la fantasía no se opone a la vida, sino que la ilumina.

Marié Rojas Tamayo escribe con la paciencia de quien teje un manto para proteger los sueños. Sus relatos no apuran el asombro. Lo preparan. Lo colocan suavemente frente al lector. Lo dejan respirar. Hay en su escritura una confianza profunda en la bondad, pero no una bondad ingenua, sino una bondad que actúa, que repara, que reconoce el valor de cada ser. En sus cuentos, lo diferente no se desecha; se abraza. Lo frágil no se abandona; se cuida. Lo pequeño no se minimiza; se convierte en centro de una revelación.

Por eso este libro puede ser leído por niños, pero también por adultos. O, mejor dicho, por esos adultos que todavía conservan dentro un niño despierto, aunque a veces el ruido de la vida lo haya obligado a guardar silencio. El amor todo lo puede pertenece a esa literatura infantil que no subestima al lector. Sus historias pueden disfrutarse en voz alta, en familia, en la escuela, al borde de la cama, en una tarde de lluvia o en ese instante en que alguien necesita recordar que la imaginación también puede ser una forma de cuidado.

Las ilustraciones de Sarah G. Respall Rojas acompañan este universo con una sensibilidad cercana, colorida y entrañable. No llegan como simple adorno, sino como una prolongación visual del mundo que el texto propone. La imagen de la joven tejedora, los coatíes, la estrella bebé y los objetos de la habitación parecen resumir el espíritu completo del libro: la delicadeza de las manos que crean, la ternura de los animales que acompañan, el misterio de lo imposible vuelto cotidiano.

En tiempos donde tantas veces la literatura infantil se reduce a fórmulas, prisas o moralejas demasiado evidentes, este libro defiende otra ruta: la del cuento como refugio, como juego, como aprendizaje emocional, como celebración de la diferencia y del afecto. Aquí no se enseña desde la imposición, sino desde la maravilla. No se explica el amor: se le permite actuar dentro de cada historia.

Editorial Primigenios se complace en presentar esta nueva edición de El amor todo lo puede, un libro pensado para leer, regalar, compartir y conservar. Un libro para los niños que comienzan a descubrir el mundo y para los adultos que necesitan volver a mirarlo sin perder la ternura.

Porque hay historias que no terminan cuando cerramos el libro.

Hay historias que se quedan respirando en nosotros.

Y hay libros, como este, que nos recuerdan que mientras exista una estrella por salvar, un juguete por abrazar, un niño por escuchar o un sueño por proteger, el amor seguirá encontrando el camino de regreso.


Eduardo René Casanova Ealo

Editorial Primigenios

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