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 Hay libros que, cuando los ves de nuevo sobre la mesa, no parecen decir “léeme”, sino “vuelve a mirarme, que ahora tú también eres otro”.

Esta novela de Ulises Cala, publicada por Editorial Primigenios en el 2023, es uno de esos casos: no entra en la categoría fría de “título del año” y ya; pertenece a esa estirpe de historias que se quedan rumiando en silencio, esperando el momento de la segunda mirada, cuando el lector ya tiene más cicatrices, más kilómetros, más preguntas.
Mientras preparo la maleta para la FIL de Guadalajara, siento que llevar esta novela es como invitar a un viejo amigo a un viaje largo: sabes que en el aeropuerto, en la habitación de hotel o entre el bullicio de la feria va a decir una frase precisa, una imagen inesperada, algo que te recoloca el mundo medio centímetro. Ulises escribe como quien se sienta en un banco cualquiera —de barrio, de parque, de estación— y se dedica a escuchar cómo respiran las vidas anónimas, cómo cojean las biografías, cómo se nos descosen los días sin que nos demos cuenta. Hay en sus páginas humor que salva y ternura que no hace ruido, pero se queda.
En 2023, la novela salió al mundo con su olor a tinta fresca, sus primeras lecturas, sus primeras fotos en redes. Hoy viaja conmigo a Guadalajara con otra energía: la de los libros que ya han convivido con la vida real, que han sido subrayados, prestados, discutidos en sobremesas, que han acompañado insomnios y madrugadas. Mirada de nuevo, la apuesta narrativa de Ulises —ese caminar “al pie del hombre”, pegado a la tierra pero con la memoria encendida— se vuelve una especie de espejo: nos devuelve nuestras propias derrotas, nuestras pequeñas épicas anónimas, nuestras manías y lealtades.
Por eso quiero que esté en el stand de Editorial Primigenios en la FIL: para que alguien la tome sin expectativas, la abra “solo por curiosidad” y, de pronto, se encuentre atrapado en una voz que parece sencilla, pero está cargada de capas, de guiños, de humanidad. Esta es la invitación: denle ustedes también una segunda mirada. Quizás descubran que, detrás de cada escena, hay un país entero respirando, un hombre de carne y hueso aprendiendo a seguir adelante y un autor que se atreve a contarlo sin adornos innecesarios, pero con una dignidad y una lucidez que se agradecen.

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