Ir al contenido principal

 


Esto viene pronto, para ser presentado en Pinar!
Resignado como las piedras nace de una alianza que no pide permiso: Editorial Primigenios, Zona Franca y Circuito Cerrado —tres fogones encendidos en Pinar del Río— se juntan para que la poesía vuelva a decir lo que otros prefieren callar. No somos institución: somos oficio y terquedad, una red de manos que corrige, maqueta, imprime y lanza la voz de Juan Cabanas al viento real de la isla y a su diáspora. Este libro es la prueba de que, cuando los proyectos independientes se abrazan, el papel deja de ser papel y se convierte en acto civil.
En estas páginas, Cabanas trabaja con materiales pobres y sagrados: piedra, costura, baño, sombra de framboyán, vaca, casa que cruje, una niña que salva al padre con sus manos pequeñas. No hay lujo ni artificio; hay precisión emocional, hay una Cuba que se nos cae y, sin embargo, respira. La lengua es clara como agua de pozo y, a la vez, cargada de silencios que no piden metáforas para doler. El poema sucede en la frontera entre lo cotidiano y lo cósmico: ahí donde la gravedad del “agujero negro” —el miedo, la historia, la pobreza— intenta tragarlo todo y aun así algo se queda en luz.
El proyecto editorial es también una coreografía de resistencia: Primigenios pone su pulso de edición y distribución; Zona Franca abre la plaza, la lectura viva, la conversación que hace comunidad; Circuito Cerrado tiende cables de creación y memoria entre barrios, talleres y pantallas. Juntos movemos un libro como quien corre una piedra: con cuidado, con paciencia, con la certeza de que debajo hay agua.
Este libro importa porque resitúa la poesía cubana en su sitio verdadero: el de una experiencia que no teme la claridad, que acepta la grieta y la cose con hilo blanco. Importa porque demuestra que la independencia no es precariedad, sino libertad de criterio y responsabilidad con la belleza. Importa porque, cuando lo cierras, algo en ti decide no rendirse. Y ese, en tiempos como estos, es el objetivo más alto de la poesía.
Eduardo René Casanova Ealo

Comentarios

Entradas populares de este blog

  Verónica vence el miedo   Manuel Eduardo Jiménez   Verónica es una jovencita de 18 años. Ella y su novio llevan ya 17 meses juntos. La relación ha sido afectiva en todo momento, claro, con sus altas y sus bajas como suele ocurrirle a la mayor cantidad de parejas. En las últimas dos semanas Verónica no es la misma, no sabe que le sucede a su cuerpo. Se siente agotada, cree que no puede con el cansancio que le da de momentos. Los deseos de vomitar no se le quitan cada vez que intenta comer algo. Piensa ser demasiado lo que tiene arriba. Y en realidad quiere ir al médico, pero teme solo algo, estar embarazada. No quiere platicar con nadie, su madre aprecia su hija un tanto rara, pero no logra entender lo que ocurre… Camilo, su novio, interrumpe la conversación cuando ella empieza a contarle a su amiga lo que pasa. Unas horas antes llegó con un test rápido de embarazo, entonces no quedaba más remedios que contarle a su amiga lo sucedido y esperar el resultado ...
  Ratoncito Pedro Antonio Castelán Castillo Ciudad de México Ratoncito vivió en la calidez de mi sala, durante mucho tiempo. En el cual compartimos historias y vivencias en nuestros momentos de ocio, como la que a continuación les cuento. Pasó su niñez en una vieja granja en el poblado de queso, estado de mozzarella, donde vivió y creció como cualquiera otro pequeño. Conociendo amigos pasajeros, compañeros de vida y a quién por algún tiempo fue su esposa, en fin. En aquellos tiempos ratoncito solía dormir hasta después del mediodía como rutina diaria, con sus algunas excepciones como lo fue aquel día. Esa mañana la familia decidió salir de compras, aprovechando que apenas amanecía y el pequeño aún roncaba. Tendrían suficiente tiempo para volver antes de que ratoncito despertará. Así salieron mamá ratoncita, papá ratoncito y hermano mayor ratoncito, volviendo 30 minutos después como lo planeado. La sorpresa al llegar fue encontrar la puerta entreabierta, y al pequeño...
  Camino a Roma   Dicen que todos los caminos conducen a Roma. Roma, Roma, Roma. ¿Pero cuál Roma? ¿La ciudad de los Césares? ¿La aldea de mármol y espadas, de palacios saqueados, de leyes grabadas sobre la piedra del miedo? ¿La de los esclavos, los senadores, los baños termales y la peste olímpica? No. Los caminos no llevan allá. Los caminos conducen a otra parte. A una calle sin nombre, donde abrí una puerta de madera vieja, donde viví. Quemado de Güines. Con dos puntos sobre la u. Ahí está mi imperio, mi centro, mi origen. Cierro los ojos y salto, salto como Superman desde el portal y caigo en la casa de Felicitas, corro hasta donde Nelo, grito algo sucio o hermoso, todo es lo mismo si es verdad, y corro de nuevo, doblo la esquina, sigo por la calle B, la que va al central, San Isidro, donde pasaba mi abuelo en bicicleta, algunas tardes, cansado, con la espalda doblada y los pulmones vacíos. Yo lo seguía con los ojos, y más tarde con los pies. Doblaba a la derecha y lo b...