Ir al contenido principal


 La osamenta fulgurante y el ladrido estelar

La poesía de Eduardo René Casanova Ealo se instala en la constelación de la herida, donde la luz de los astros esculpe en la piedra el testimonio del hambre. Como en el tapiz del Antiguo Egipto, donde el can traza en la arena la senda de los errantes, estos poemas son la brújula de una travesía que oscila entre la carne y el hueso, entre la desposesión y el esplendor.

Cada poema es un ladrido fósil, un zarpazo en la niebla de la historia que nos devuelve la respiración primordial de aquellos que han habitado el filo del mundo. Porque, si la poesía es la lenta resurrección de lo que ha sido consumido por el viento, Poemas Perros es un bestiario de espectros que se niegan a la extinción.

Como Lezama descubría en los signos del relámpago el alfabeto de lo arcano, aquí el poeta nos revela la fisonomía del derrotado que jamás se rinde, del exiliado que edifica su casa en el eco de su propia voz. Hay en estos versos la carne fragante del pan compartido con los espectros de la infancia, el llanto antiguo del que ha visto a la patria despedazarse en las fauces de la noche, la certeza de que incluso la miseria puede arder con la claridad de un diamante sumergido en el cieno.

Aquí el poeta no invoca, sino que despierta. No idealiza, sino que hunde las manos en la arcilla de lo vivido, sabiendo que toda ruina esconde en sus escombros la semilla de una nueva arquitectura. Como un perro que reconoce el rastro del ausente en la hojarasca del amanecer, Casanova Ealo nos entrega la memoria de los que han sido despojados de todo, menos de su nombre. Y en ese acto, el poema, cual bólido errante, inscribe su órbita en el cielo de lo perpetuo.

Así, este libro es un ladrido que resuena en la eternidad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

  Verónica vence el miedo   Manuel Eduardo Jiménez   Verónica es una jovencita de 18 años. Ella y su novio llevan ya 17 meses juntos. La relación ha sido afectiva en todo momento, claro, con sus altas y sus bajas como suele ocurrirle a la mayor cantidad de parejas. En las últimas dos semanas Verónica no es la misma, no sabe que le sucede a su cuerpo. Se siente agotada, cree que no puede con el cansancio que le da de momentos. Los deseos de vomitar no se le quitan cada vez que intenta comer algo. Piensa ser demasiado lo que tiene arriba. Y en realidad quiere ir al médico, pero teme solo algo, estar embarazada. No quiere platicar con nadie, su madre aprecia su hija un tanto rara, pero no logra entender lo que ocurre… Camilo, su novio, interrumpe la conversación cuando ella empieza a contarle a su amiga lo que pasa. Unas horas antes llegó con un test rápido de embarazo, entonces no quedaba más remedios que contarle a su amiga lo sucedido y esperar el resultado ...
  Ratoncito Pedro Antonio Castelán Castillo Ciudad de México Ratoncito vivió en la calidez de mi sala, durante mucho tiempo. En el cual compartimos historias y vivencias en nuestros momentos de ocio, como la que a continuación les cuento. Pasó su niñez en una vieja granja en el poblado de queso, estado de mozzarella, donde vivió y creció como cualquiera otro pequeño. Conociendo amigos pasajeros, compañeros de vida y a quién por algún tiempo fue su esposa, en fin. En aquellos tiempos ratoncito solía dormir hasta después del mediodía como rutina diaria, con sus algunas excepciones como lo fue aquel día. Esa mañana la familia decidió salir de compras, aprovechando que apenas amanecía y el pequeño aún roncaba. Tendrían suficiente tiempo para volver antes de que ratoncito despertará. Así salieron mamá ratoncita, papá ratoncito y hermano mayor ratoncito, volviendo 30 minutos después como lo planeado. La sorpresa al llegar fue encontrar la puerta entreabierta, y al pequeño...
  Camino a Roma   Dicen que todos los caminos conducen a Roma. Roma, Roma, Roma. ¿Pero cuál Roma? ¿La ciudad de los Césares? ¿La aldea de mármol y espadas, de palacios saqueados, de leyes grabadas sobre la piedra del miedo? ¿La de los esclavos, los senadores, los baños termales y la peste olímpica? No. Los caminos no llevan allá. Los caminos conducen a otra parte. A una calle sin nombre, donde abrí una puerta de madera vieja, donde viví. Quemado de Güines. Con dos puntos sobre la u. Ahí está mi imperio, mi centro, mi origen. Cierro los ojos y salto, salto como Superman desde el portal y caigo en la casa de Felicitas, corro hasta donde Nelo, grito algo sucio o hermoso, todo es lo mismo si es verdad, y corro de nuevo, doblo la esquina, sigo por la calle B, la que va al central, San Isidro, donde pasaba mi abuelo en bicicleta, algunas tardes, cansado, con la espalda doblada y los pulmones vacíos. Yo lo seguía con los ojos, y más tarde con los pies. Doblaba a la derecha y lo b...