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JURADO DEL CONCURSO INTERNACIONAL DE CUENTO PRIMIGENIOS 2022 Estimados amigos de Editorial Primigenios, les presento a los miembros del Jurado del II Concurso Internacional de cuentos Primigenios. Ellos son: Rubis Marilia Camacho , José M. Fernández Pequeño y René Fuentes . Es un gran honor contar con ellos. Rubis Marilia Camacho (Puerto Rico, 1959) posee un Bachillerato en Artes con concentración en Bienestar Social de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras (Magna Cum Laude), una Maestría en Teología del Seminario Evangélico de Puerto Rico, donde recibió el Premio de Homilética. Además, estudió Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Tiene una Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón (Summa Cum Laude), su tesis fue aprobada con distinción y al momento de esta publicación hace su Doctorado en Literatura Puertorriqueña y del Caribe en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Esta autora, pri
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  El Entierro de Fermín Suárez   Por: Rockamadour     En la familia, su deceso causó sorpresa, pues dentro de la media, Fermín parecía un hombre sano, aunque comía todo lo que quería y tomaba todo lo que podía. El Dr. Cabrera ya le había recomendado que cambiara de hábitos, como no hizo caso, su corazón le jugó una mala pasada, deteniéndose para siempre, sin darle otra oportunidad. Su esposa, Arminda, se sintió devastada, hace tiempo que su relación estaba desgastada y su matrimonio se mantenía por inercia, pero era más cómodo seguir casados que arriesgarse a verse sola y vieja, siendo vapuleada por las viperinas lenguas de amigas y enemigas. La muerte de su esposo le daba una salida digna, pero aún quedaba sola y vieja, eso le daba mucha rabia. Dicen que los opuestos se atraen y ellos parecían un ejemplo: Fermín era una persona muy sociable, contaba con innumerables amigos y conocidos, pertenecía a distintos grupos, clubes y asociaciones. Le gustaban las fiestas de todo
  En el fondo sueñan   Carchareon     La Mariana resucitó con el sonido de los estertores saliendo del cuarto de máquinas. Eran casi las seis de la mañana y Ramiro ni siquiera había desayunado por tal de tener lista la embarcación. —Niño, coge el cubo y saca toda el agua sucia, anda —le dijo al muchacho cuya cabeza dormida colgaba boca abajo por el hueco de cubierta. Este se despertó y cabeceó con la mirada bizca en busca del cubo. Ramiro escaló sobre el mueble de las herramientas y se impulsó para salir del compartimento medio inundado donde habitaba el corazón mecánico de su querida Mariana. La espalda baja le dejó sentir un buen corrientazo y entonces se acordó que había dejado las luces encendidas tras echar el petróleo. —Y apaga la linterna cuando termines. El joven gruñó una sílaba como toda respuesta. Ya empezaba la marea baja. Ramiro dio una ronda por el yate bajo la grisácea claridad del amanecer. El agua del muelle, saturada de petróleo, basura y peces muert