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  Esto viene pronto, para ser presentado en Pinar! Resignado como las piedras nace de una alianza que no pide permiso: Editorial Primigenios, Zona Franca y Circuito Cerrado —tres fogones encendidos en Pinar del Río— se juntan para que la poesía vuelva a decir lo que otros prefieren callar. No somos institución: somos oficio y terquedad, una red de manos que corrige, maqueta, imprime y lanza la voz de Juan Cabanas al viento real de la isla y a su diáspora. Este libro es la prueba de que, cuando los proyectos independientes se abrazan, el papel deja de ser papel y se convierte en acto civil. En estas páginas, Cabanas trabaja con materiales pobres y sagrados: piedra, costura, baño, sombra de framboyán, vaca, casa que cruje, una niña que salva al padre con sus manos pequeñas. No hay lujo ni artificio; hay precisión emocional, hay una Cuba que se nos cae y, sin embargo, respira. La lengua es clara como agua de pozo y, a la vez, cargada de silencios que no piden metáforas para doler. El ...
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  Acaba de llegar a nuestras manos, en su edición más reciente —revisada, reencontrada, reiluminada— La última adivinanza del mundo, de Froilán Escobar. Este libro no fue escrito para evocar el pasado, sino para habitarlo, palmo a palmo, fibra a fibra. No es solo una novela: es un acto de transmutación, un conjuro narrativo donde se entretejen el mito, la sangre, la infancia y el duelo, con una delicadeza que duele. ¿Puede una adivinanza contener la historia de un país? ¿Puede la voz de una niña salvar del olvido a un combatiente caído en la manigua? ¿Puede la muerte ser desbordada por la poesía? Froilán, como un chamán con sus propios hilos, nos dice que sí. En este acto de reedición, no solo hemos restaurado su aliento original: hemos añadido ilustraciones creadas con inteligencia artificial, pero no como simple ornamento, sino como pequeñas piezas de orfebrería digital, con estilo, con maestría, con esa reverencia que merece la palabra escrita. Que nadie tema: estas imágenes no ...
Les dejo "El milagro de los muflones" en las manos. Léanla, discútanla, compártanla, pélenla vivo si quieren, pero no la ignoren. Los verdaderos milagros de la literatura no son los que nos salvan del horror, sino los que nos obligan a mirarlo sin pestañear. Y este libro, se los aseguro, no baja la mirada. La imagen de cubierta de El milagro de los muflones nació de la inteligencia artificial, sí, pero el incendio que la sostiene viene de mucho antes. Viene de un cuadro ruso sobre Stalin que vi cuando estudiaba allá, hace un cojón de años, en otra vida y en otro invierno. En ese cuadro, el dictador empujaba con su mano izquierda a una marea de soldados hacia el frente, mientras sostenía su pipa con la derecha. Un detalle se me clavó para siempre: de la otra mano caía un fósforo gigantesco, encendido, sobre cientos de soldados diminutos, condenados de antemano a arder. Ese fósforo sigue cayendo en mi memoria. A veces pienso que uno de esos soldaditos quemados bajo la llama se ...
  Entre muros, peceras y otros desarraigos Además de muchos libros de autores latinoamericanos —que para mí son como una coral inmensa de acentos, dolores y luminarias—, viajan conmigo unos pocos volúmenes que llevan mi nombre en la portada. No los llevo como trofeos, ni como excusas de editor-autor; los llevo como quien carga una caja de restos: pedazos de país, de familia, de memoria, de rabia y de ternura. Entre esos libros, Vanos lugares es quizá el más cercano a la zona donde realmente me duele la vida. Este no es un poemario escrito desde la comodidad de una metáfora bonita. Nació en el filo de varias fronteras: la geográfica, la política, la del lenguaje, la del cuerpo que envejece mirando a la madre y sabiendo, con brutal claridad, que “en unas semanas / no más de diez años / mi madre morirá”. Quien abra estas páginas debe saber que entra a un territorio minado: la nostalgia aquí no es decorado, es un campo de batalla después de la batalla. Hay un verso que inaugura el libr...
  Hay libros que, cuando los ves de nuevo sobre la mesa, no parecen decir “léeme”, sino “vuelve a mirarme, que ahora tú también eres otro”. Esta novela de Ulises Cala, publicada por Editorial Primigenios en el 2023, es uno de esos casos: no entra en la categoría fría de “título del año” y ya; pertenece a esa estirpe de historias que se quedan rumiando en silencio, esperando el momento de la segunda mirada, cuando el lector ya tiene más cicatrices, más kilómetros, más preguntas. Mientras preparo la maleta para la FIL de Guadalajara, siento que llevar esta novela es como invitar a un viejo amigo a un viaje largo: sabes que en el aeropuerto, en la habitación de hotel o entre el bullicio de la feria va a decir una frase precisa, una imagen inesperada, algo que te recoloca el mundo medio centímetro. Ulises escribe como quien se sienta en un banco cualquiera —de barrio, de parque, de estación— y se dedica a escuchar cómo respiran las vidas anónimas, cómo cojean las biografías, cómo se no...
  Prólogo o de cómo raspar la palabra hasta que sangre Creía saber —al menos intuir— qué era la poesía. Un cierto temblor en la página, una arquitectura de imágenes, una música más o menos domesticada. Pero entonces me cae en las manos este libro escrito desde Guanabacoa, y comprendo que hay poetas que no se conforman con “escribir”: se dedican a lijar la realidad con la misma saña con que uno raspa una pared llena de humedad. La poesía, aquí, no es una flor: es la raspa. Leer estos textos —llámeseles poemas, crónicas, letanías o grafitis de largo aliento— es asomarse a una Cuba que ya no sé si existe, si existió o si sólo pervive como una alucinación compartida. El autor vive allí; yo hace años que vivo en otra orilla, en esa zona rara donde la patria se ha vuelto una mezcla de aeropuerto, memoria y pesadilla recurrente. Tal vez por eso, porque él sigue dentro del experimento y yo hace mucho que fui expulsado del laboratorio, este libro me rompe la idea de poesía: la saca de la vi...
  A veces Facebook se pone creativo con las fechas y uno lo deja pasar, porque lo verdaderamente importante no es el algoritmo sino el latido. Esta foto me devuelve a uno de esos libros que se quedan conmigo como una lámpara humilde: Y todo a media luz, de Teresa R. Medina Rodríguez. Un volumen de cuentos nacido en aquellos años en que Editorial Primigenios estaba aprendiendo a vivir, a respirar, a equivocarse con dignidad y a acertar con hambre de futuro. Recuerdo esos primeros libros como se recuerda un hogar que aún no tenía todas las paredes levantadas. Libros que no llegaron para hacer ruido, sino para hacer raíz. Libros que eran ensayo y promesa. Y Teresa estaba ahí, en ese mapa temprano, aportando su voz, su mundo narrativo, su sensibilidad. En el catálogo, sí, pero también en la emoción de quienes entendemos que una editorial no es solo un sello: es una familia que se va inventando mientras camina. Primigenios siempre ha querido ser eso: un puente, una orilla que conversa c...