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  Camino a Roma   Dicen que todos los caminos conducen a Roma. Roma, Roma, Roma. ¿Pero cuál Roma? ¿La ciudad de los Césares? ¿La aldea de mármol y espadas, de palacios saqueados, de leyes grabadas sobre la piedra del miedo? ¿La de los esclavos, los senadores, los baños termales y la peste olímpica? No. Los caminos no llevan allá. Los caminos conducen a otra parte. A una calle sin nombre, donde abrí una puerta de madera vieja, donde viví. Quemado de Güines. Con dos puntos sobre la u. Ahí está mi imperio, mi centro, mi origen. Cierro los ojos y salto, salto como Superman desde el portal y caigo en la casa de Felicitas, corro hasta donde Nelo, grito algo sucio o hermoso, todo es lo mismo si es verdad, y corro de nuevo, doblo la esquina, sigo por la calle B, la que va al central, San Isidro, donde pasaba mi abuelo en bicicleta, algunas tardes, cansado, con la espalda doblada y los pulmones vacíos. Yo lo seguía con los ojos, y más tarde con los pies. Doblaba a la derecha y lo b...
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  "Hay recuerdos que no vienen del pensamiento, sino del olor. Como esta colonia: un golpe de infancia, una calle en Cuba, un hombre que se ponía esto antes de salir a buscar lo imposible." Archivo del cuerpo Haruki Murakami dice que en algún lugar de la cabeza hay un pequeño cuarto donde vamos dejando los recuerdos perdidos: las oportunidades que dejamos pasar, los amores que no cuajaron, las palabras que no dijimos. Ese cuarto existe, sí. Pero no es el único. Porque el cuerpo entero es un archivo secreto. Hay recuerdos que no se archivan en la cabeza. No todos caben ahí. Algunos se quedan en el estómago, en la acidez de una despedida mal digerida. Otros bajan al tobillo derecho, donde cojeamos sin saber por qué, como si una nostalgia nos jalara desde abajo, desde ese hueco mínimo que no logra cerrar. Las manos —sobre todo las manos derechas— guardan lo que no supimos soltar. Apretaron demasiado o dejaron ir muy pronto. Allí están las caricias suspendidas, las cartas no envi...
  LA PATRIA EN LA CINTURA Aquel niño no sabía que le habían robado los juegos. Tenía seis años y ya le colgaba la patria del cinturón, como una carga que no pidió, como una herida que aún no sangraba. La boina ladeada, que juraría fue la misma con la que enterraron a su padre, sellaba un destino. Era 1966, año de la solidaridad, decían, y el niño posaba con una pistola del padre, una cartuchera grande para su cintura pequeña, con la mirada seria que no entendía. No eran juegos. No era infancia. Era una foto. Una imagen cuidadosamente armada para dejar claro en qué lado de la historia crecería. ¿Pero cuándo un niño vestido de soldado deja de ser niño? ¿Quién responde por esa renuncia temprana a la inocencia? En el reverso de la foto, una consigna: "Con saludos de Patria o Muerte". Porque así se saludaba entonces. Así se vivía. Así se repetía, como una oración invertida, la promesa de morir antes que dudar. Fidel nos enseñó a marchar antes de pensar. Nos puso el uniforme antes ...
  La piel ausente Para Dulce Casanova "El recuerdo del cuerpo es el más fiel de todos los recuerdos." —Anaïs Nin Escuchar Wish You Were Here no es simplemente oír una canción: es abrir una puerta hacia todo lo que hemos perdido. Hay algo en esa guitarra —su ritmo lento, su claridad melancólica— que parece hablarle directamente a la parte del cuerpo donde se guardan los recuerdos del amor. No los recuerdos racionales, sino los sensoriales: el olor de una piel, la temperatura de una espalda, la textura de una despedida. Pienso en los hombres que marcaron la historia de Cuba. No en su grandeza política o literaria, sino en su intimidad, en su hambre de amor. Martí, por ejemplo. No lo imagino con la pluma, sino con las manos desnudas. En una habitación fría en Nueva York, lejos de todo lo que amaba, abrazando un cuerpo fugaz, quizás imaginando otro. La historia no dice nada sobre eso, pero está ahí, en sus cartas, en sus silencios, en su necesidad de ternura. Hay versos suyos que...
  Sobre un análisis de un poema de Alberto Rodríguez Tosca. Las derrotas Un hombre se detiene. No camina más. Se mira al espejo, o se inventa un espejo, porque ya no sabe quién es. Abre una libreta vieja, una hoja suelta, un celular con pantalla agrietada, y escribe: “Aquí comienza la enumeración de mis derrotas”. Podría ser una frase de rendición. Pero no lo es. Es una declaración de existencia. He leído el poema de Alberto Rodríguez Tosca y me ha perseguido todo el día como un animal que ha reconocido a otro de su especie. Yo también podría enumerar mis derrotas. Las mías y las que otros, con esmero y delicadeza, se tomaron el trabajo de regalarme. Pero prefiero ir más allá del inventario. Preguntar. ¿Qué es una derrota? ¿Dónde empieza? ¿Cuándo se instala en un hombre como una voz, como una sombra, como una tos que no se va? Podría decirse que la muerte es la gran derrota. El final irrefutable. Lo irreversible. Pero ahí surge la primera sospecha: ¿de verdad la muerte es una derro...
  La osamenta fulgurante y el ladrido estelar La poesía de Eduardo René Casanova Ealo se instala en la constelación de la herida, donde la luz de los astros esculpe en la piedra el testimonio del hambre. Como en el tapiz del Antiguo Egipto, donde el can traza en la arena la senda de los errantes, estos poemas son la brújula de una travesía que oscila entre la carne y el hueso, entre la desposesión y el esplendor. Cada poema es un ladrido fósil, un zarpazo en la niebla de la historia que nos devuelve la respiración primordial de aquellos que han habitado el filo del mundo. Porque, si la poesía es la lenta resurrección de lo que ha sido consumido por el viento, Poemas Perros es un bestiario de espectros que se niegan a la extinción. Como Lezama descubría en los signos del relámpago el alfabeto de lo arcano, aquí el poeta nos revela la fisonomía del derrotado que jamás se rinde, del exiliado que edifica su casa en el eco de su propia voz. Hay en estos versos la carne fragante del pan...
  "Con la naranja de Félix Luis Viera rumbo a Mérida" México no es solo un destino en mi itinerario; es una presencia que ya habita en mí desde hace tiempo. A través de la literatura, de la historia compartida y de la memoria de otros exiliados que encontraron refugio en su vastedad, México se ha instalado en mi pensamiento como una patria interpuesta, una tierra que no es la mía, pero que en la poesía de otros cubanos se vuelve familiar. Viajar a la Feria del Libro de Mérida es más que asistir a un evento literario: es un acto de reconocimiento, un diálogo con un país que ha albergado tantas voces desterradas. Entre las páginas que me han llevado hasta este viaje, La patria es una naranja de Félix Luis Viera resplandece con su aliento sostenido, con su inmensa respiración de versos que trazan un puente entre Cuba y México, entre el país natal y el país de adopción, entre la nostalgia y la reconstrucción de una vida en el exilio. Como editor de la más reciente edición publica...