Mi madre cumple 80 años

martes 15 de diciembre de 2009

El Principio es el Principio


¿Cuál es la primera mentira que te dijeron? Para mí, que yo recuerde, la primera gran mentira fue que la guerra en Angola era una guerra necesaria, para liberar al sufrido pueblo africano. En nuestras escuelas nos habían adoctrinado que la guerra era inevitable, que siempre hubo y existiría las guerras porque era la única forma de imponer al adversario, nuestros mas sagrados ideales.
Por eso, mientras en las mañanas, me anudaba una pañoleta roja en el huesudo cuello, la radio trasmitía los rugidos fieros de las "katiushkas" aniquilando todo a su paso. La guerra estaba en todas partes y a su vez en ningún lado, porque el enemigo siempre escuchaba. Y cualquier información debía ser bien aprobada.
Si alguien desde una posición oficial se refería a la contienda, solo repetía lo que el Granma decía en su primera página: palabras bien medidas, con cierto sabor a triunfalismo y ocultando la realidad política y económica del continente africano.
En mi orden personal, la guerra de Angola me tocó de cerca en dos ocasiones. La primera, en un entierro sin difuntos. En el cercano batey, donde años atrás, había florecido un central azucarero; la noticia de la muerte de uno de sus pobladores era un acontecimiento que alteraba la paz impuesta por el tiempo muerto. El difunto, un oficial de la reserva, había volado por los aires mientras manejaba su jeep por los caminos de Angola. Aquella noche acudimos muchos, para rodear la casa y rendir nuestro pésame a su viuda, quien vestida de negro, lloraba sentada en uno de los sillones cercanos, a una pared recién embadurnada de cal y desde la que colgaba una foto ampliada del héroe. La foto era el único detalle que revelaba al hombre como difunto. Muchos años después, trajeron sus restos, en una pequeña caja de metal, y supe que hubo una ceremonia muy importante, con muchas banderas y disparos de salvas. Supongo que la historia termina aquí. Como sucede en casi todas las películas sobre héroes.
Mi segunda, y mas importante "memoria personal" sobre la guerra en Angola, tiene que ver con mi hermano, quien entonces, había perdido por alguna razón inexplicable, su posibilidad de continuar estudios universitarios. Un día recibo una llamada desde el pueblo natal, era mi madre, quien nerviosa y conteniendo a penas el llanto me avisaba de su partida. Entre el ruido de la estática telefónica, pude escuchar las marchas revolucionarias alborotando el aire de la tarde desde los altoparlantes ubicados en el parque cercano. Vinieron meses de absoluto silencio, hasta que empezaron a llegar las primeras cartas escritas en su menuda letra de colegial sin título. Siempre decía que estaba bien, sin peligros, sin el sabor nauseabundo de la muerte, rondándole de cerca sus talones de niño. Decía siempre lo mismo, pero sus cartas siempre nos devolvían la calma. Mi hermano Julio, no murió en la guerra. Gracias a Dios disfruta de una buena salud hoy en día, en unión de su familia en la isla.
Creo que a el, le debo mi incursión en la literatura, al menos de manera responsable. Antes de esa fecha había escrito poemas y alguna que otra cosa, sin ánimo de publicación. No se que arrebato me hizo enviar algunos poemas a un concurso nacional de la Revista Verde Olivo. Nada menos, la Revista Verde Olivo, publicación oficial del Ministerio de las Fuerzas Armadas de Cuba. Los poemas llevaban por titulo "Cartas del Hijo de Teresa". Obtuvieron el primer premio. Me lanzaron del anonimato a seguir en el anonimato pero con el sabor que siempre deja ver tu nombre en letra negra impresa por alguien que no eres tu mismo. No se por donde andan esos poemas, no me ha quedado copia alguna. Ya no están más conmigo, como suele suceder con los amores que se desgarran por los caminos, quedando solos en la imaginación como fueron los besos que nos dimos

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